Un beso en la almohada

Saray es una niña de seis años a la que, desde hace varios meses, y siempre que está ingresada, le leo en su habitación de la planta de Oncología Pediátrica del Hospital Materno Infantil de Granada. Son ya muchos los martes en los que Saray escucha con avidez y gozo historias que atrapan su atención y aminoran el malestar de los tratamientos que su frágil cuerpo soporta.
Con Saray no hay límites. Siempre quiere un cuento más y otro y otro. Es insaciable su deseo de escuchar. Con ella, una sesión de lectura puede durar más de una hora. A Saray también le gusta leer en voz alta y lo hace de vez en cuando. Uno de los álbumes que en cada sesión hay que leer ineludiblemente es Buenas noches, gorila, de Peggy Rathmann. Es uno de sus álbumes preferidos, se lo sabe de memoria y a ella le gusta leerlo imitando la voz de los adultos.
Hace unos días ocurrió algo especial. Le leí por primera vez Un beso antes de desayunar, de Raquel Díaz Reguera, que captó su atención de inmediato. El libro narra las aventuras de un beso que la madre de Violeta deposita, como cada mañana, en la almohada de su hija antes de irse a trabajar.
Estuvo muy atenta a la lectura y, al terminar, su madre le recordó que esa mañana no había querido desayunar y que tampoco había querido comer a mediodía. Hablamos de lo importante que era comer para ponerse buena y me prometió que al día siguiente desayunaría, pero que tenía que dejarle un beso en la almohada para que al despertar estuviera allí. Yo llevaba ese día los labios pintados de color rojo y, con suavidad, deposité la huella de mis labios en su almohada, como en el cuento.
No olvido los ojos de Saray mirando el dibujo de mis labios en la almohada y su promesa de desayunar al día siguiente. Mis ojos se humedecieron observando la escena y tuve que mirar para otro lado para evitar que se encontraran con los suyos.
Andrea

3 opiniones sobre “Un beso en la almohada

  • También los míos lo han hecho.
    No me cansaré de repetir que sois maravillosos. Al igual que la labor que realizáis.

    Un beso, igual de grande y cariñoso que el que dejaste sobre la almohada de Saray.

    Sandra.

  • Gracias, Sandra, por compartir con nosotros tus emociones sobre nuestras lecturas, que nos permiten establecer lazos afectivos con quienes nos escuchan, pero también con quienes leen nuestras experiencias.
    Un abrazo.

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