También allí

El texto que sigue fue publicado en «La Voz del Mako», revista elaborada por los internos e internas del Centro Penitenciario de Granada-Albolote, a raíz de una lectura literaria que nuestra Asociación realizó en su día en dicho Centro. Los internos responsables de la revista quisieron que, junto a sus comentarios, incluyéramos nuestras reflexiones. Esto fue lo que escribimos:
«La lectura que la Asociación Entrelibros hizo el día 21 de febrero en el Centro Penitenciario de Albolote confirma algo que hemos defendido siempre y que no todo el mundo comprende o acepta. Y es lo siguiente: que la mejor literatura puede hospedarse en cualquier lugar y puede ser ofrecida a cualquier persona. Si se repasa la nómina de los autores leídos ese día -Cristina Fernández Cubas, Luis Cernuda, Wislawa Szymborska, Ernesto Cardenal, César Vallejo, mitos griegos…- se percibe que no hubo diferencia con los autores que podían haberse leído en un recital realizado en una biblioteca pública o en un aula universitaria.
Y algo más importante todavía: que el comportamiento de los asistentes al acto no fue diferente del que muestran las personas que pueden acudir voluntariamente a un acto celebrado en un centro cultural o educativo. Su actitud respetuosa, su atención y sus comentarios fueron muy valiosos y la conversación mantenida al final de la lectura demostró que también es posible llevar a una prisión las palabras más preciadas del patrimonio literario de la humanidad.
Los miembros de la Asociación Entrelibros que participaron en el acto llegaron a la conclusión de que el interés que demostraron los asistentes no siempre se ve en actos que pudieran considerarse de más alto nivel cultural. Los problemas de los seres humanos -la soledad, el amor, el deseo, el fracaso, la libertad, la esperanza…- son comunes a todas las personas, independientemente de su situación social o su nivel de estudios, y lo que cuenta entonces es la voluntad de pensar y hablar sobre ellos.
Esa tarde se habló en el salón de actos de las cuestiones que afectan a todos y se hizo con una profundidad admirable. Y eso fue posible porque los textos literarios eran profundos y porque los asistentes estaban dispuestos a recibirlos con interés e ilusión. No importó que algunos poemas o narraciones tuvieran palabras o expresiones difíciles de comprender, lo importante era que todos los textos hablaban con una verdad que todos entendían.
Alguien dijo: “Lo que ustedes han leído esta tarde habla de lo mismo: de los sentimientos. Gracias”. Y alguien más dijo: “Estas lecturas nos quitan los velos”. Y otro más añadió: “Es que las palabras de hoy tienen luz”. ¿Qué más se podía pedir? Se había entendido todo: la literatura, en efecto, habla de la vida, los sentimientos, la claridad. Y quienes esa tarde participaban en el acto se habían sentido atrapados por ella.
Al terminar el acto, los miembros de la Asociación Entrelibros se miraban con felicidad, sabiendo que no se habían equivocado, que también en una prisión puede celebrarse el valor de la palabra, de la poesía, de la literatura que abre los ojos y golpea los corazones.»

        

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