Cada martes

Cada martes, en los pasillos del Hospital Materno Infantil, nos cruzamos con dos médicos muy especiales. Son la doctora Sapofrita y el doctor Cambembo. La Fundación Theodora puede dar referencias de ellos. Según tenemos entendido, estudiaron, y con muy buenas calificaciones, en la prestigiosa Universidad de Ja Ja Jarvar. Ambos doctores son especialistas en una disciplina bien compleja: la provocación de la risa o de su embajadora, la sonrisa. Sus instrumentos profesionales son un poco extravagantes, baratos: clarinetes de plástico, pañuelos de colores, orejas de goma, peines gigantescos, estetoscopios de plástico, bolsos estrafalarios… Su aspecto podría confundir a más de uno. Llevan unos peinados un tanto postizos, su rostro está extrañamente maquillado, tienen una nariz roja y visten unas batas no demasiado ortodoxas. Algunos pacientes y familiares pueden confundirlos con payasos, pero en realidad son doctores. Entran y salen de las habitaciones de los enfermos, visitan los distintos servicios del hospital, charlan con los niños y niñas hospitalizados, dan consejos a las familias que los acompañan, aunque no hacen diagnósticos, ni prescriben medicamentos, ni encargan radiografías. Se limitan a hablar, hacer juegos de palabras y de manos, bromear. Hacen reír. Ayudan a curar. Si, como demuestran numerosas investigaciones, la risa es terapéutica, si mejorar el bienestar de las personas hospitalizadas contribuye a su sanación, esos doctores hacen muy bien su trabajo. ¿Cómo no pensar que una carcajada en medio de una tarde tediosa, en una habitación de luz blanca y cansina, supone un estímulo para la mente, un alivio para el cuerpo? Cuando nos cruzamos en los pasillos o nos encontramos en alguna habitación con la doctora Sapofrita o el doctor Cambembo siempre nos saludamos, casi sin darnos cuenta, con una sonrisa. Y proseguimos nuestro trabajo con más alegría, con más ánimo.

4 opiniones sobre “Cada martes

  • Maravillosa labor la que hacen, tanto esta asociación «entrelibros» como la fundación Theodora, con los doctores Cambembo y Sapofrita.
    Mi hijo Ángel los ha disfrutado de ellos en infininidad de ocasiones, en sus ingresos hospitalarios, durante los dos años de su tratamiento.
    Un inmenso abrazo a todos vosotros.
    Ha sido un inmenso placer conoceros y trataros.

    • Muchas gracias, César, por tan afectuosas palabras. Nos llenan de orgullo y nos dan alas para seguir acudiendo al hospital a leer. Esperamos que Ángel se encuentre bien. Andrea os recuerda a ambos con mucho cariño.

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