Luz poética

Traemos hoy un testimonio gráfico de las lecturas que hicimos en el interior del Luminarium instalado durante unos días en el Parque de las Ciencias de Granada.

El Luminarium es un homenaje a la luz. Está hecho por y para la luz. Como a través de un circuito venoso, los visitantes van atravesando calmada y silenciosamente espacios de diversos colores que cada cual asocia a estados de ánimo, sueños, recuerdos… Tumbados o erguidos, solos o en compañía, con los ojos abiertos o cerrados, detenidos o danzantes, serios o juguetones, los visitantes lo recorren y exploran minuciosamente. Y al cabo del paseo se tiene la sensación de abandonar un lugar cálido, sereno, uterino.
Nosotros elegimos dar voz a la luz. Leímos poemas centrados en la luz como conocimiento, amor, asombro, esperanza…
 
 
 
Leímos a pequeños grupos itinerantes que en cada uno de los rincones de la instalación iban escuchando las palabras de Miguel Hernández, Pablo Neruda, Amalia Bautista, Javier Egea, Ángel Crespo…
Reproducimos aquí uno de los poemas leídos, Luz que nunca se extingue, de Eloy Sánchez Rosillo. Esperamos que lo disfrutéis.
Te equivocas, sin duda. Alguna vez alcanzan
tus manos el milagro;
en medio de los días que idénticos transcurren,
tu indigencia, de pronto, toca un fulgor que vale
más que el oro más puro:
con plenitud respira tu pecho el raro don
de la felicidad. Y bien quisieras
que nunca se apagara la intensidad que vives.
Después, cuando parece que todo se ha cumplido,
te entregas, cabizbajo, a la añoranza
del breve resplandor maravilloso
que hizo hermosa tu vida y sortilegio el mundo.

Tu error está en creer que la luz se termina.
Al cabo de los años he llegado a saber
que en la naturaleza del milagro
se funden lo fugaz y lo perenne.
Tras su apariencia efímera,
el relámpago sigue viviendo en quien lo vio.
Porque su luz transforma y ya no eres
el hombre aquel que fuiste antes de que en tus ojos,
de que en el fondo oscuro de tu ser fulgurase.

No, la luz no se acaba, si de verdad fue tuya.
Jamás se extingue. Está ocurriendo siempre.
Mira dentro de ti,
con esperanza, sin melancolía.
No conoce la muerte la luz del corazón.
Contigo vivirá mientras tú seas:
no en el recuerdo, sino en tu presente,
en el día continuo del sueño de tu vida.

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