Un amor voluntario

La semana pasada fue la última que realizamos lecturas en los hospitales a los que acudimos semanalmente: el Hospital Materno Infantil, el Hospital Clínico y, desde hace unas semanas, el Hospital de Traumatología. En septiembre las reanudamos.

Este curso ha sido particularmente rico en oportunidades y colaboraciones. Hemos logrado extender nuestras actividades y, tal vez lo más importante, hemos conseguido una participación intensa y extensa de voluntarios. Más de veinte personas, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, estudiantes y trabajadores, han colaborado estos meses con los miembros estables de la Asociación. Ha habido días en el Materno Infantil, por ejemplo, en que una decena de voluntarios bullía por salas, pasillos y habitaciones, libros en mano, leyendo a los niños hospitalizados. Leer en los hospitales es un acto de desinteresada fraternidad: acompaña, da conversación, promueve la escucha, alivia, acoge confidencias, provoca sonrisas y carcajadas, alienta… La literatura actúa en esos casos como un acicate, como una amistosa invitación a la vida.

Gran parte de esas voluntarias (aquí debemos hablar en femenino) procedían del Plan de Voluntariado de Aprendizaje de la Universidad de Granada, a cuyo programa se acogió este año la Asociación. Los demás han ido llegando hasta nosotros de la manera más sencilla y deseable: de la mano de otros voluntarios, invitados por alguien que ya conocía el camino. Ser voluntario es un hermoso acto de entrega y generosidad y para quien recibe ese ofrecimiento es una oportunidad para la celebración y la gratitud. A todos ellos les expresamos nuestro profundo afecto y reconocimiento.

De los muchos testimonios recibidos, seleccionamos uno que nos fue entregado después de su primera experiencia con la Asociación. De un modo íntimo y poético, Leire da cuenta de sus asombros, de sus nacientes emociones, al entrar en contacto con tres niños, Álvaro, Mounira y Agustín, esos días aún sin habla, con los ojos elocuentes y dialogantes, despertando del largo silencio de un estado de coma.

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Un sentimiento sin nombre
Me invade un infinito sentimiento sin nombre que rehúsa de palabras; para él el universo tangible se torna pequeño y no navegable.
Tres toc toc me han sumergido en tres conmovedores viajes. Con el viento a favor, un magnífico timonel y un admirable comandante, he surcado entre mares y entre-libros.
Olas de colores me han conducido a Álvaro, una isla de numerosas palmeras. Algunas altas, otras pequeñas; unas verdosas o quizás amarillentas; aquellas tintinean, no así las serenas. Todas ellas se mecen al son de un pequeño sauce, quien tierno y confundido suspira por bailar los pasos de aquellas. Sauce alegre que trotó por las cascadas más bellas, hoy sauce llorón tras tropezar y perder su cuerpo en ellas.
Caricias tiernas a tus lloronas ramas, palabras sordas y miradas tímidas te invitaba a compartir con dulzura el comandante. Nos guías hasta dos brillantes palmeras. Una blanca y pequeña, la otra protectora y esbelta. Ambas, al ritmo de sus todavía inocentes bailes, se han descubierto mientras mostraban la complicidad, cariño y sensibilidad de la jovial fauna. Al llegar la noche, alegres y entusiastas te han tendido sus brazos con intención de amenizarte el arduo aprendizaje del baile.
 Como un pececillo, se ha asomado entre el oleaje una rocosa y pequeña isla africana. Piedritas negras de formas nerviosas, aprisionadas. Con sueños de rodar por los mares más profundos, y confundidas por la inmensidad del mar se chocan torpemente olvidando la previa elección del camino por el que quieren en la mar entrar.
 Entre pompas de aguas saladas surcamos mares aún más lejanos. Al llegar a unas aguas calmadas las pompitas se volatilizan, y nos reposan en la isla de la sonrisa mágica. En ella el suelo se cubre de algodones naranjas, acuno de una isla que fue transportada a la mar por una pompa despistada. Empapada de ternura y calma, me has dado la más conmovedora de mis paradas. En ti he descubierto el mundo de los besos, enraizado en lágrimas y esperanza. Dos corales hechos de amor, abrazados cantan súplicas de ilusión para olas, vientos y mareas que te despierten de este sueño marino y den a tu sonrisa mensajera un río de palomas blancas.
Agustín, mágica isla algodonada que en el mar quedó atrapada. Estremecedora sonrisa y conmovedora compañía soplan juntos los vientos de los libros que con este barco han surcado.
Ha sido un gran placer compartir vuestro rumbo entre-libros, comandante y tripulación de la alegre sensibilidad.
Un abrazo,
Leire Collazos Zabala

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